,

Cuando la ruleta eras tú: apostar para destruirse

Artículo de reflexión personal de Carlos G., exjugador en recuperación, sobre la relación entre la autodestrucción y la ludopatía

Hay una pregunta que siempre vuelve en los grupos de apoyo, cuando alguien nuevo se sienta en el círculo y empieza a soltar su mochila. La pregunta es: “¿Por qué sigues si sabes que vas a perder?”. Y el novato siempre responde lo mismo, con distintas palabras: “Porque ya no me importa”.

Eso, amigos, es la madre del cordero. Porque la ludopatía no va de querer ganar. Va de querer perder. Va de sentarse delante de una máquina o una pantalla y decir: “Venga, termínalo. Termina conmigo de una vez”.

Yo llegué a ese punto. No fue al principio, cuando aún pensaba que controlaba. Fue después, cuando las deudas eran un agujero negro y las mentiras un idioma materno. Llegué una noche de invierno, solo en un local de apuestas deportivas de la periferia, con el último billete de 20 euros en el bolsillo. No fui a buscar el milagro. Fui a buscar la puntilla. Quería perderlo todo, quedarme a cero, para tener una excusa. La excusa para hacer algo más grave cuando saliera por la puerta.

Eso es lo que no se cuenta. Que el juego no es solo una adicción, es un mecanismo de autolesión. Es como cortarse, pero con intereses. Es mirarse al espejo y decir: “Mereces esto. Mereces estar aquí, solo, arruinado, viendo cómo el Madrid mete un gol que te cuesta 20 euros que no tenías”. El castigo es el ritual. La apuesta es la sentencia.

En terapia cognitivo-conductual, a esto le llaman distorsiones cognitivas con nombre y apellido. Pensamiento catastrófico, indefensión aprendida, autoestima bajo cero. Pero en el barro, en el día a día, se llama odiarse a uno mismo. Y el odio es un combustible muy potente. Te mantiene despierto, te mantiene en marcha, te mantiene apostando. Porque mientras apuestas, te castigas. Y mientras te castigas, de algún modo retorcido, te haces justicia.

El problema es que esa justicia no la firmó nadie. Te la impones tú, y arrastras a los tuyos. Mi mujer no me odiaba entonces. Yo me odiaba por ella. Mis hijos no me juzgaban. Yo me juzgaba por ellos. Y en ese juicio paralelo, yo era juez, jurado y verdugo. Y el reo siempre perdía.

¿Cómo se sale de ahí? No fue fácil. No fue una revelación. Fueron pequeños actos de traición a ese odio. El primero, aceptar una invitación a un grupo de apoyo. Sentarme en una silla de plástico y escuchar a un desconocido decir exactamente lo mismo que sentía. El segundo, hacer caso al terapeuta cuando me dijo: “Carlos, el perdón no es para los demás. El perdón es para ti. Si no te perdonas, no hay máquina que no te gane”.

Y el tercero, el más difícil, fue aprender a parar antes de saltar al vacío. El mindfulness me enseñó algo que parece una tontería: a sentir el odio sin juzgarlo. Cuando venía la oleada, esa voz que decía “destrúyete, apuesta, termínalo”, yo aprendí a sentarme, respirar y decir: “Ahí estás otra vez. Pasa, siéntate, pero no te voy a hacer caso”. La primera vez que lo hice, lloré como un niño. No de tristeza. De alivio. Porque por primera vez en años, yo mandaba sobre el odio, y no al revés.

Hoy sé que el impulso de autodestrucción no desaparece del todo. Vive ahí, en un rincón, como ese vecino molesto que de vez en cuando pone la música alta. Pero ya no le abro la puerta. Ya no le invito a pasar. Y cuando llama, tengo un teléfono donde llamar o mensajear, tengo tres respiraciones y tengo la certeza de que no merezco el castigo que yo mismo me quería imponer.

Si tú estás ahí, si apuestas porque crees que te lo mereces, quiero decirte algo: no es verdad. La persona que merece castigo no existe. Es un fantasma que te ha construido la adicción. El de verdad, el que puede salir de esto, está esperando a que le des una oportunidad. Solo una.

Comparte si esto te ha llegado. Y si puedes, deja un comentario. Cuéntame cómo te castigas tú. A veces, decirlo en voz alta es la primera vez que le ganas la partida al odio.

Comentarios

Deja un comentario

Testimonios:

“La última apuesta… otra vez: cómo me mentía antes de mentirle a todos”

“La última apuesta… otra vez: cómo me mentía antes de mentirle a todos”

Testimonio realista sobre cómo un ludópata se engaña a sí mismo prometiendo que “esta vez es la última”. Un relato ...
/

Cómo empecé a salir de mis deudas después de años de apostar

Testimonio realista de un ludópata que logró comenzar a salir del endeudamiento extremo causado por ...
/

El hombre que nunca había visto: cuando el premio huele a trampa

Artículo de reflexión personal de Carlos G., exjugador en recuperación, sobre los premios sospechosos en ...
/

Cuando la ruleta eras tú: apostar para destruirse

Artículo de reflexión personal de Carlos G., exjugador en recuperación, sobre la relación entre la ...
/

Cuando la ruleta no paró: la otra pandemia en nuestros barrios

Artículo de reflexión personal sobre la proliferación de casas de apuestas y casinos en barrios ...
/

El día que dejé de ser padre para ser “el ludópata”

Hay fechas que se te graban a fuego. No por lo que significaron en el ...
/

Últimos en BetBye

Del casino a la celda: cuando la ludopatía te empuja a cruzar la última línea

Del casino a la celda: cuando la ludopatía te empuja a cruzar la última línea

La ludopatía puede destruir oportunidades, reputación y libertad. Un testimonio sobre cómo la adicción al juego puede llevar a la ...
El casino invisible: cómo el entorno digital moldea tus decisiones cuando apuestas

El casino invisible

El casino invisible: cómo el entorno digital moldea tus decisiones cuando apuestas ...
Un testimonio crudo sobre uno de los efectos más devastadores de la ludopatía: perder la confianza en uno mismo. Cómo ocurre, por qué destruye todo a su paso y cómo empezar a reconstruirse.

El día que dejé de confiar en mí mismo

Un testimonio crudo sobre uno de los efectos más devastadores de la ludopatía: perder la confianza en uno mismo. Cómo ...
“La última apuesta… otra vez: cómo me mentía antes de mentirle a todos”

“La última apuesta… otra vez: cómo me mentía antes de mentirle a todos”

Testimonio realista sobre cómo un ludópata se engaña a sí mismo prometiendo que “esta vez es la última”. Un relato ...
Cómo empecé a salir de mis deudas después de años de apostar

Cómo empecé a salir de mis deudas después de años de apostar

Testimonio realista de un ludópata que logró comenzar a salir del endeudamiento extremo causado por el juego. Un relato honesto ...
Los defectos de carácter de los ludópatas. El gran desafío casi inexplorado

Defectos de carácter: cuando el enemigo no está fuera, está dentro

Un ludópata en abstinencia que se niega a trabajar defectos de carácter es como un equipo que quiere ganar sin ...