Hay algo peor que perder dinero.
Mucho peor.
Perder la confianza en uno mismo.
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Si le preguntas a un jugador cuántas veces dijo “esta fue la última”, probablemente no pueda responderte.
No porque no quiera.
Sino porque perdió la cuenta.

Voy a empezar por lo que nadie quiere decir.
Cuando estás metido hasta el cuello en deudas por el juego, no ves salida.
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Aquí viene la parte que escuece. La que separa al que se recupera del que se engaña.
Un ludópata en abstinencia que se niega a trabajar defectos de carácter es como un equipo que quiere ganar sin entrenar. Quiere el resultado, pero no quiere el proceso.
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Pedir perdón es bonito. Pero no vale si no viene con hechos.
El ludópata en abstinencia puede pedir perdón cien veces y seguir siendo el mismo: egoísta, desordenado, manipulador, irresponsable, evasivo.

Los grupos de autoayuda tienen algo curioso: cada uno desarrolla su propio idioma. No me refiero solo a las palabras, sino a los gestos, las pausas, los silencios dramáticos, los pequeños rituales que convierten una reunión en algo reconocible para quienes llevan tiempo ahí.
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