Llevaba dos años yendo al mismo local de apuestas cuando pasó. No era un casino de postín, era un sitio de barrio, de esos con olor a lejía y a tabaco rancio, con cuatro máquinas, una pantalla gigante y cuatro terminales para jugar al lotero. Los habituales éramos siempre los mismos. El jubilado que echaba la quiniela, el conductor de autobús que rascaba cupones, los desesperados como yo que nos turnábamos las máquinas. Una familia de perdedores, vaya.
(más…)Categoría: Ludopatía
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Cuando la ruleta eras tú: apostar para destruirse
Hay una pregunta que siempre vuelve en los grupos de apoyo, cuando alguien nuevo se sienta en el círculo y empieza a soltar su mochila. La pregunta es: “¿Por qué sigues si sabes que vas a perder?”. Y el novato siempre responde lo mismo, con distintas palabras: “Porque ya no me importa”.
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El día que dejé de ser padre para ser “el ludópata”
Hay fechas que se te graban a fuego. No por lo que significaron en el momento, sino por lo que destaparon después. La mía es un martes 13 de octubre. No es literatura, es un parte médico. Ese día, mi hijo menor, que entonces tenía 12 años, le dijo a su madre delante de mí: “Mamá, ¿papá ya no nos quiere?”.
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“Toqué fondo” no existe
“Toqué fondo”.
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La frase suena a cierre. A punto final. A lección aprendida.
Pero en la ludopatía, tocar fondo es una mentira elegante. -

No todos los vínculos se recuperan (y eso también es sanar)
Hay una idea muy instalada que hace daño:
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que todo vínculo debe salvarse.
que insistir es madurez.
que soltar es fracaso.





